Las dos Dianas
Las dos Dianas —¿Aceptáis? ¡No hay más que hablar! Desde mañana desempeñaréis vuestro cargo. Vamos ahora a volver al Louvre, donde me hablaréis por extenso de esa guerra de Italia.
Gabriel saludó.
Dio Enrique la orden de marcha. El pueblo se dispersó, gritando: ¡Viva el rey!, y Diana, encontrándose por un momento junto a Gabriel, dijo a este con voz baja:
—Mañana, en la tertulia de la reina.
Desapareció conducida por su caballero, pero dejando a su amigo de la infancia una esperanza divina.