Las dos Dianas
Las dos Dianas
ASARON siete u ocho meses sin que ocurrieran sucesos dignos de ser recordados.
Sin embargo, durante ese lapso de tiempo, se prepararon acontecimientos de cierta gravedad.
Para ponernos al corriente de todo, nos bastará trasladarnos, el dÃa 25 de febrero de 1560, al lugar donde se tiene o se debe tener noticia de todo, es decir, al despacho del señor teniente de policÃa, cargo que desempeñaba por aquella fecha un señor de Braguelonne.
En la noche del referido dÃa, el señor de Braguelonne, negligentemente arrellanado en su sillón de cuero de Córdoba, escuchaba el informe de uno de sus secretarios llamado Arpión.
He aquà lo que leÃa este último:
Hoy ha sido preso en el salón grande de palacio el famoso ladrón Gilles Rose en el acto de estar cortando una faja guarnecida de oro a un canónigo de la Santa Capilla.
—¡A un canónigo de la Santa Capilla! —repitió el señor de Braguelonne.
—¡Un acto que revela una impiedad inconcebible! —dijo el secretario.
—Y una destreza más inconcebible aún, porque los canónigos son desconfiados. Después os diré, Arpión, lo que debe hacerse con ese astuto ratero.
