Las dos Dianas
Las dos Dianas Principió por la Bastilla y terminó por el Chatelet.
Los gobernadores de las prisiones le presentaban la relación de los prisioneros, especificando los que habían muerto, los que estaban enfermos y los trasladados a otras prisiones o puestos en libertad, y luego formaban a los prisioneros para que el capitán de guardias les pasara revista, ¡triste revista! En el Chatelet, cuando creía haber terminado, el gobernador le dio a leer una página casi en blanco del registro, y decimos casi en blanco, porque únicamente había escrita en ella una nota singular que llamó poderosamente la atención de Gabriel:
N.º 21, X…, prisionero de secreto. Si en las visitas del gobernador o del capitán de guardias intenta hablar, se le trasladará a otro calabozo más profundo y penoso.
—¿Se puede saber quién es este prisionero tan importante? —preguntó Gabriel al señor de Salvoison, gobernador del Chatelet.