Las dos Dianas
Las dos Dianas En el momento en que el rey hablaba así, la puerta del gabinete se abrió bruscamente; y el cardenal de Lorena, separando al ujier de servicio, entró pálido y sin aliento.
El duque de Guisa, más tranquilo que su hermano, pero no menos grave, seguía al cardenal a alguna distancia. Sus pasos firmes y mesurados resonaban ya en la antecámara.