Las dos Dianas

Las dos Dianas

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Hubo un momento de silencio durante el cual todos los presentes pensaban sin duda en aquel extraño prodigio de fingimiento ofrecido por un príncipe de la sangre a toda una corte, en la cual hasta los pajes sabían que era mil veces culpable del crimen del cual pretendía justificarse con indignación tan admirablemente fingida.

Pero, a decir verdad, únicamente el rey tuvo la candidez de asombrarse, pues los demás, sin excepción, supieron hacer justicia al valor del príncipe y estimar en lo que valía su virtud.

Las ideas de las cortes italianas sobre la política, importadas por Catalina dé Médicis y sus florentinos, estaban a la sazón de moda en Francia. El que mejor sabía engañar era celebrado como más hábil, y el arte consistía en ocultar las ideas y disfrazar los actos. La sinceridad entonces, habría pasado plaza de simpleza.

No pudieron librarse del contagio ni los caracteres más nobles y puros de aquel tiempo, tales como Coligny, Conde, el canciller Olivier y otros.

Se comprenderá, pues, que el duque de Guisa, lejos de despreciar al príncipe de Condé por su inconcebible descaro, le admiró. Pero al mismo tiempo se dijo a sí mismo que no le envidiaba sus dotes de fingimiento, y para demostrarlo, dio un paso al frente, se quitó muy despacio un guante, y lo arrojó al lado del príncipe.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker