Las dos Dianas
Las dos Dianas —Os doy las gracias, primo mÃo —dijo el rey—. Veo que la protección de Dios se ha declarado decididamente en nuestro favor, puesto que ha querido introducir la confusión en los consejos y en las filas de nuestros enemigos. Ante todo, vamos a la capilla a darle las gracias.
—Y después, señor, habrá que pensar en el castigo de los culpables —dijo el cardenal—. ¿Asistiréis a la ejecución con la reina y la reina madre, señor?
—Pero… ¿será necesario que asista yo? —preguntó el rey contrariado.
—El glorioso rey, Francisco I, vuestro abuelo, señor, asistió a todas…
—Mi glorioso abuelo hizo lo que le pareció oportuno, y yo quiero hacer también lo que tenga por conveniente —replicó Francisco II.
—¿Es posible que faltéis vos, señor, a un acto al que asistirán todos, incluso el prÃncipe de Condé?
—Hablaremos de ese asunto más tarde —dijo el rey—. TodavÃa no han sido condenados los culpables.
—Señor, lo han sido ya.