Las dos Dianas
Las dos Dianas »La escena se desarrolló con la rapidez del relámpago. Entraron en aquel momento los soldados de la escolta y se trabó una lucha encarnizada, durante la cual, sobre el ruido de las pisadas y el chasquido de los aceros, se destacaba la voz de Montmorency que gritaba:
»—¡Sujetad… atad a ese energúmeno!
»—¡No le matéis! —decÃa Enrique—. ¡Por el infierno… no le matéis!