Las dos Dianas
Las dos Dianas
N el primer momento, el saqueo y la carnicería se enseñorearon de la ciudad; pero Filiberto Emmanuel dictó órdenes severísimas, y la confusión cesó en breve. Condujeron a su presencia al almirante Coligny y le tributó los mayores elogios.
—Yo no sé castigar el valor —le dijo—. La ciudad de San Quintín será tratada con la misma moderación que si se hubiese entregado el día que acampamos frente a sus muros.
El vencedor se mostró tan generoso con el vencido, que le permitió discutir con él las condiciones que con derecho habría podido imponerle.