Las dos Dianas

Las dos Dianas

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San Quintín fue declarada, naturalmente, ciudad española, pero se concedió a todos los habitantes que no quisieran soportar la dominación extranjera permiso para retirarse a donde les acomodase, abandonando, como era consiguiente, la propiedad de sus casas. Ciudadanos y soldados quedaron en libertad absoluta, y Filiberto únicamente retendría cincuenta prisioneros, sin distinción de edad, sexo ni condición, que eligirían él y sus capitanes, con objeto de poder pagar con sus rescates las pagas atrasadas a sus tropas. Serían respetados los bienes y las personas de todos los demás, y Filiberto se encargaría de evitar desórdenes. Dispensó a Coligny de pagar rescate por su persona, en atención a que había agotado todos sus recursos personales en el sitio. El almirante podría marchar al día siguiente, si quería, a París, donde se reuniría con su tío el condestable, quien no había tenido la suerte de encontrar vencedores tan desinteresados, puesto que la libertad acababa de costarle un buen rescate, que de un modo o de otro habría de pagar Francia. Filiberto Emmanuel tuvo a mucho honor ser amigo de Gaspar de Coligny y no quiso poner precio a su libertad. Los capitanes y los ciudadanos ricos de San Quintín bastarían para pagar los gastos de la guerra.




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