Las dos Dianas

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Capítulo XXXVI

DEJEMOS al joven capitán y al viejo tejedor acariciando sus sueños de desquite, y volvamos a encontrar al escudero francés y al arquero inglés, que arreglan sus cuentas en la casa alojamiento de lord Grey.

El arquero, en cuanto salieron los dos prisioneros, pidió a su amo la comisión ofrecida, que le fue entregada sin dificultad por lord Grey, quien había quedado muy satisfecho de la sagacidad que su emisario desplegó en la elección de prisioneros.

Arnaldo de Thill esperaba que el arquero le entregase su parte, y como el inglés comprendió que era justo, y era hombre de conciencia, se la dio en el acto. Pero como al irle a pagar encontrase a Arnaldo de Thill añadiendo algunas líneas a la eterna cuenta del condestable de Montmorency, y le oyese murmurar a media voz: «Por haber conseguido a fuerza de astucia que el vizconde de Exmés figure entre los prisioneros de guerra, desembarazando por este medio al señor condestable de la persona del antedicho vizconde», preguntó el arquero tocando a Arnaldo en un hombro:

—¿Qué estáis haciendo, amigo?

—¿Qué hago? Una cuenta —respondió el apócrifo Martín Guerra—. ¿Por dónde anda la nuestra?


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