Las dos Dianas
Las dos Dianas
L día 1.º de septiembre, tres días después de los sucesos narrados en el capítulo anterior, lord Wentworth, gobernador de Calais, después de haber recibido las instrucciones de su cuñado lord Grey, y de haber visto embarcar a este con rumbo a Inglaterra, montó a caballo y volvió a su palacio, donde antes había dejado a Gabriel y a Juan Peuquoy en una estancia, y a Diana en otra separada.
No sospechaba Diana que Gabriel se encontrase tan cerca de ella, pues el arquero de lord Grey había cumplido fielmente la promesa a Arnaldo, y nuestros dos enamorados no se vieron durante el viaje desde San Quintín a Calais.
En nada se parecía lord Wentworth a su cuñado. Este era reservado, frío y avaro, al paso que lord Wentworth era vivo, amable y generoso. En cuanto a su físico, vendría a tener cuarenta años, su estatura era elevada, sus movimientos elegantes, y sus cabellos negros y abundantes, entre los cuales se destacaban algunas canas. Por su apostura, su aire fogoso y la brillantez de sus ojos garzos, se comprendía que perduraba en él la exaltación de las pasiones juveniles y que llevaba la vida alegre y tal vez disipada de un mozo de veinte años.
