Las dos Dianas
Las dos Dianas
A casa de Pedro Peuquoy formaba ángulo con la calle de Martroi y la plaza del Mercado. Por entrambos frentes se apoyaba sobre robustos pilares de madera, semejantes a los que todavía se ven hoy en París en varios lugares. Tenía dos pisos, además de los desvanes. En su fachada, el ladrillo, la madera y la pizarra aparecían combinados caprichosamente, formando curiosos y complicados arabescos. Los antepechos de las ventanas y las puntas visibles de las grandes vigas estaban llenas de figuras de animales fantásticos medio ocultos entre follaje, y el conjunto resultaba sencillo y tosco, pero gracioso y no privado de vida. Los aleros del tejado sobresalían lo bastante para servir de cobertizo a una galería exterior volada, con su correspondiente balaustrada que, al estilo de los palacetes suizos, circundaba todo el segundo piso.
Sobre la puerta vidriera de la tienda estaba emplazada la muestra: una especie de estandarte de madera pintada, sobre la que se destacaba la figura de un guerrero formidable que quería representar al dios Marte, según aseguraba la siguiente inscripción:
Al dios Marte. Pedro Peuquoy, armero.
Sobre el umbral de la puerta, una armadura completa, compuesta de casco, coraza, brazaletes, canilleras y guanteletes, era a manera de muestra gráfica para los caballeros que no supiesen leer.
