Las dos Dianas
Las dos Dianas La trastienda, mejor iluminada que el almacén, servía también de salón y de comedor, estaba entarimada y revestidas sus paredes hasta los dos tercios de su altura con tablas de encina. Consistían sus muebles en una mesa cuadrada de patas salomónicas, sillas tapizadas y un magnífico cofre que servía de pedestal a la obra maestra de Pedro Peuquoy, ejecutada por él en presencia de su padre a raíz de haber recibido el diploma de maestro. Era una armadura en miniatura, damasquinada en su totalidad, cubierta de incrustaciones de oro y cincelada con arte delicadísimo. Imposible imaginar la paciencia y el arte que hubo de derrochar para producir aquella maravilla.
Frente por frente al cofre, un nicho practicado en las tablas que revestían las paredes servía de marco a una imagen de la Virgen. De esta manera, siempre reinaba un pensamiento santo en la sala de la familia.
En la pieza inmediata había una escalera de madera que comunicaba con las habitaciones superiores.