Las dos Dianas

Las dos Dianas

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Capítulo XLIII

UN mes transcurrió sin que variase en nada la situación de los que en Calais dejamos. Pedro Peuquoy fabricaba armas con actividad febril, Juan Peuquoy tejía, y a ratos perdidos fabricaba cuerdas de longitud extraordinaria, y Babette Peuquoy lloraba sin cesar.

Por lo que se refiere a Gabriel, únicamente diremos que su espera había pasado por todas las fases predichas por Arnaldo de Thill al condestable. Esperó con paciencia los quince días primeros, pero, pasados estos, se apoderó de él la desesperación.

Rara vez iba al palacio del gobernador, y de día en día eran más cortas las visitas que a lord Wentworth hacía. La amistad entre los dos se había enfriado mucho desde el día que Gabriel pretendió mezclarse temerariamente en los asuntos del gobernador.



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