Las dos Dianas
Las dos Dianas —¡Seis dÃas! —exclamó MartÃn Guerra melancólico y pensativo—. ¡Pasé por Montargis hace seis dÃas! ¡Estuve hace seis dÃas en el camino de mi pueblo! Tu narración es tan verosÃmil, amigo mÃo, que desde luego te digo que la creo verdadera.
—¡Pues yo no! —exclamó AloÃsa—. ¡Ese hombre es un impostor! Dice que habló con vos en Montargis hace seis dÃas, y yo juro que llegasteis hace doce a esta casa, y que no habéis salido de ella.
—Eso es verdad —respondió MartÃn—; pero mi número dos…
—Además —insistió AloÃsa—: Según vuestras afirmaciones, fuisteis ahorcado en Noyón hace más de un mes, y no quince dÃas, como dice este hombre.
—También es verdad: hoy precisamente hace el mes, y en eso estaba pensando cuando desperté esta mañana… Pero mi otro yo…
—¿Volvemos a los disparates? —increpó AloÃsa.
—No son disparates, AloÃsa —intervino Gabriel—. Creo, por el contrario, que este hombre nos pone en camino de descubrir la verdad.
—¡Oh, mi buen señor! —exclamó el campesino—. Vos estáis en lo cierto… ¿Puedo contar con los diez escudos?