Las dos Dianas
Las dos Dianas —¿Pero, por qué? —preguntó Gabriel con sonrisa de alegrÃa que contrastaba con la actitud triste del duque.
—Os lo demostraré con dos palabras, que tienen su fundamento en vuestro proyecto mismo; prestadme atención.
—Soy todo oÃdos.
—La tentativa singular y aventurada a que vuestro juvenil ardor ha arrastrado a mi prudente ambición, no tenÃa a su favor más probabilidades que las del aislamiento de la plaza inglesa y el estupor que nuestro brusco ataque debÃa producir en la guarnición. Calais era inexpugnable, sÃ, pero no insorprendible. Sobre esta idea emplazamos todo el edificio de nuestra locura; ¿no es cierto?
—Y hasta el presente, los hechos no han desmentido nuestros cálculos.