Las dos Dianas
Las dos Dianas Quiso Gabriel hacer sus revelaciones en presencia de Juan Peuquoy, y este se afligía y lloraba, como hombre honrado que era, con las consecuencias de la fatal equivocación. Más que nada, empero, le preocupaba el individuo que tan miserablemente les había engañado a todos. ¿Quién sería aquel canalla? ¿Estaría casado? ¿Dónde estaría oculto?
Martín Guerra, por su parte, se estremecía a la sola idea de una perversidad tan inaudita. Al mismo tiempo que se regocijaba al ver descargada su conciencia del peso de la infinidad de actos perversos que por espacio de tanto tiempo fueron su desesperación, se desconsolaba pensando que su nombre y su reputación habían sido comprometidos por un miserable. ¿Quién podía saber los excesos a que el malvado se entregaría en aquellos momentos, escudado por su seudónimo, mientras Martín estaba sufriendo por él en el lecho del dolor?