Las dos Dianas

Las dos Dianas

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—No quería yo que tu vida tranquila y pura conociera esta historia, llena de espanto y de crímenes, pero ¡ay!, conozco que mis fuerzas no son bastantes para defenderme contra s voz del amor. Será preciso que me ayudes contra ti misma, Diana, y para ello, voy a decírtelo todo.

—Te escucho; aterrada, pero toda atención.

Gabriel entonces refirió a Diana cómo su padre había amado a Diana de Poitiers y cómo ella le había correspondido a presencia de toda la corte; cómo el que era delfín por aquel tiempo, y rey en la actualidad, había llegado a ser rival suyo; cómo el conde de Montgomery desapareció misteriosamente un día, y cómo Aloísa, que sabía todo lo sucedido, se lo había revelado. Pero Aloísa no sabía más, y como Diana de Poitiers se negaba en absoluto a confesar, únicamente el conde de Montgomery, si vivía todavía, podía esclarecer el misterio del nacimiento de Diana.

Cuando Gabriel concluyó su lúgubre relato, dijo Diana:

—Es espantoso, porque sea el que sea el desenlace, no veo más que desventuras en nuestro destino futuro. Si soy hija del conde de Montgomery, eres mi hermano, y si soy hija del rey, eres el enemigo mortal, justamente irritado, de mi padre. En uno y otro caso, las circunstancias nos obligarán a separarnos.


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