Las dos Dianas
Las dos Dianas —No, Diana. Nuestra desventura no nos arrebata, gracias a Dios, todas las esperanzas. Puesto que te he dicho una parte, quiero revelártelo todo. A decir verdad, ahora reconozco que tenías razón; la revelación me ha consolado, y mi secreto, si ha salido de mi corazón, ha sido para quedar encerrado en el tuyo.
Gabriel hizo entonces historia del pacto extraño y peligroso que había hecho con el rey, y de la promesa solemne empeñada por este de devolver la libertad al conde de Montgomery si su hijo, después de haber defendido a San Quintín contra los españoles, arrancaba a Calais del poder de los ingleses. Calais era ya ciudad francesa, y a su conquista creía el vizconde de Exmés haber contribuido muy eficazmente.
A medida que hablaba Gabriel, la esperanza disipaba poco a poco la tristeza del semblante de Diana, a la manera que la aurora disipa las tinieblas de la noche.
Cuando Gabriel terminó, Diana quedó pensativa un momento, y luego, tendiendo a Gabriel su mano, le dijo con entereza: