Las dos Dianas
Las dos Dianas —Creo le vale más no tener un padre, que le detestarÃa, que perder a una madre que le adorará. Pues bien; si su madre se casa con ese hombre, la vergüenza y el dolor la matarán de seguro.
—¿De manera, Babette, que cierras los oÃdos a mis razones y a mis súplicas?
—Imploro tu cariño y tu compasión, hermano mÃo.
—Pues bien; van a contestarte mi cariño y mi compasión, con dolor, sÃ, pero también con entereza. Como quiera que, ante todas las cosas, es preciso que vivas teniendo derecho a tu estimación propia y a la de los demás, como quiera que yo prefiero que seas desgraciada a verte deshonrada, toda vez que deshonrada serÃa tanto como ser dos veces desgraciada, quiero, exijo yo, tu hermano mayor, el jefe de tu familia, exijo, ¿entiendes bien?, exijo que te cases con el hombre que te perdió, único que hoy puede devolverte el honor que te arrebató, suponiendo que él consienta. La ley y la religión me confieren con respecto a ti una autoridad, que emplearé, en caso necesario, para obligarte a cumplir lo que considero que es deber tuyo para con Dios, para con tu familia, para con tu hijo, y para contigo misma.