Las dos Dianas
Las dos Dianas —¿Conoces a ese hombre, Juan? —preguntó Pedro Peuquoy, más práctico que su hermana—. ¿O es que hablas en hipótesis, que te haces eco de un sueño, como dice Babette?
Turbóse Juan Peuquoy, vaciló y tartamudeó algunas palabras.
No reparaba en la atención silenciosa y profunda con qué Gabriel acechaba sus movimientos, pues estaba absorto en la contemplación de Babette que, palpitante y con los ojos bajos, parecÃa sentir una emoción intensa que el buen tejedor, poco experto en semejantes materias, no sabÃa cómo interpretar.
Sin duda no se atrevió a darle una interpretación favorable a sus deseos, pues contestó con tono compungido a la interpelación directa de su primo en estos términos: