Las dos Dianas
Las dos Dianas —Comprendo que os causará demasiada molestia —repuso el duque—, pero ya tenéis costumbre de hacer esta clase de encargos. En otra ocasión os encargasteis de llevar y presentar las banderas ganadas en nuestra campaña de Italia.
—¡Ah, monseñor! Poseéis el secreto de triplicar el valor que tienen los beneficios merced a la gracia exquisita con que sabéis presentarlos —dijo Gabriel radiante de felicidad.
—Además —continuó el duque de Guisa—: Al mismo tiempo que las llaves de Calais, entregaréis al rey una copia de la capitulación y una carta en que le anuncio nuestro triunfo, y que he escrito Ãntegra de mi puño y letra, contraviniendo las prescripciones terminantes de maese Ambrosio Paré. Desobedecà al cirujano porque nadie hubiese podido haceros justicia, con la autoridad que yo, ni contribuir —añadió con acento significativo— a que otros os la hagan. Espero, pues, que quedaréis contento de mÃ, como consecuencia, contento también del rey. Ahà está la carta, y allá las llaves; tomadlas, amigo mÃo. Ya sé que no necesito encargaros que cuidéis de ellas.
—Y yo tampoco necesito deciros que mi vida y mi muerte son vuestras —respondió Gabriel con voz conmovida.