Las dos Dianas
Las dos Dianas
L día 12 de enero de 1558 se celebraba en el Louvre, en los salones de la reina Catalina de Médicis, una de las brillantes reuniones de que hemos hablado, a las que asistían, además de los reyes, todos los príncipes y gentilhombres del reino.
La reunión estaba aquella noche excepcionalmente brillante y animada, a pesar de que una buena parte de la nobleza se hallaba guerreando a la sazón en el Norte, a las órdenes del duque de Guisa.
Descollaban entre las damas, además de Catalina, reina de derecho, Diana de Poitiers, reina de hecho, la reina-delfina María Estuardo y la melancólica princesa Isabel, que iba a ser reina de España y cuya espléndida belleza, ya tan admirada, debía ocasionar en su día su desgracia.
Entre los caballeros, las figuras más salientes, eran Antonio, jefe actual de la Casa de Borbón, rey equívoco de Navarra y príncipe sin decisión y débil, a quien su mujer Juana de Albret, dotada de un corazón viril, había enviado a la corte de Francia para conseguir que, por mediación de Enrique II, le fuesen devueltas sus tierras de Navarra, confiscadas por España.
Pero Antonio de Navarra protegía ya por entonces las opiniones calvinistas y no podía hacerse simpático en una corte que enviaba a la hoguera a los herejes.
