Las dos Dianas

Las dos Dianas

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Capítulo XVI

SEGUÍAN a Gabriel, lo mismo que cuando regresó de Italia, cuatro soldados: Ambrosio, Lactancio, Ivonnet y Pilletrousse, los cuales eran portadores de las banderas inglesas. No entraron, sin embargo, en el salón: se quedaron en el dintel de la puerta.

Gabriel llevaba entre las manos un cojín de terciopelo sobre el cual venían dos cartas y las llaves de la ciudad de Calais.

Al ver al mensajero brilló en el rostro del rey una expresión que tenía tanto de alegría como de terror. ¿Por qué? Porque creyó adivinar el mensaje, pero le inquietaba el mensajero.

—¡El vizconde de Exmés! —murmuró, viendo cómo Gabriel se aproximaba con paso lento.

Gabriel, solemne y grave, hincó una rodilla en tierra delante del rey.

La favorita y el condestable de Montmorency cambiaron una mirada de alarma y murmuraron a media voz:

—¡El vizconde de Exmés!

—Señor —dijo Gabriel al rey con voz firme—: Os traigo las llaves de la ciudad de Calais que, después de siete días de sitio y de tres asaltos encarnizados, entregaron los ingleses al señor duque de Guisa, y que el señor duque de Guisa se ha apresurado a remitir a vuestra majestad.


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