Las dos Dianas
Las dos Dianas «Herido yo gravemente el dÃa de nuestra entrada en Calais, he podido salvar la vida gracias al socorro pronto y al genio portentoso de un cirujano joven, llamado Ambrosio Paré; pero estoy aún muy débil, y como consecuencia, me veo privado del placer de escribir con más extensión a vuestra majestad.
»Los demás detalles podrá vuestra majestad oÃrlos de boca del que, juntamente con esta carta, os presentará las llaves de la ciudad de Calais y las banderas tomadas a los ingleses, y de quien necesariamente he de hablar a vuestra majestad antes de poner fin a la presente.
»No debe recaer sobre mÃ, señor, todo el honor de la portentosa empresa, tan admirablemente terminada, de la toma de Calais. A ella he contribuido con todas mis fuerzas batiéndome al frente de nuestras valientes tropas; pero la idea primera, los medios de realizarla, y hasta la realización de la hazaña, se le deben al señor vizconde de Exmés, portador de la presente».
—Parece, caballero —interrumpió el rey, dirigiéndose a Gabriel—, que nuestro primo no os conocÃa aún por vuestro nuevo tÃtulo.
—Señor —contestó Gabriel—; nunca me habrÃa atrevido a usarlo por primera vez delante de una persona que no fuese vuestra majestad.
El rey hizo una seña al cardenal, y este prosiguió de esta suerte: