Las dos Dianas
Las dos Dianas »Frente a los muros de la ciudad y en los asaltos, en la toma del fuerte de Nieullay y en la del Viejo Castillo, en todas partes, el vizconde de Exmés, puesto a la cabeza de su reducido grupo de voluntarios, reclutados y pagados por él, ha hecho verdaderos prodigios de valor; pero como en esto no hizo más que igualar a nuestros intrépidos capitanes, a quienes, a mi juicio, no es posible aventajar, no insistiré sobre las pruebas de heroísmo que dio en todo momento, concretándome exclusivamente a las que personalmente realizó.
»El formidable fuerte de Risbank, que domina por la entrada del puerto de Calais, dejaba expedito el paso a los socorros que enviaba Inglaterra. Si estos llegaban, estábamos perdidos. Nuestra gigantesca empresa se malograba, y nos atraíamos las risas burlonas de la Europa entera. ¿Cómo soñar siquiera en apoderarnos, no contando con navíos, de una torre defendida por el Océano? Pues bien, señor: el vizconde de Exmés hizo este milagro. Una noche, embarcó con sus voluntarios en una barquilla, y con la ayuda de algunos amigos que tenía en la plaza, después de una navegación temeraria, escaló el terrible fuerte, se hizo dueño de lo que todo el mundo creía, y era, inexpugnable, y enarboló en él la bandera francesa.