Las dos Dianas
Las dos Dianas »He cumplido con mi deber, dando al vizconde de Exmés este testimonio; a vos os toca lo demás, señor; a vos, que tenéis un derecho que yo envidio, pero que no puedo ni quiero usurpar. No hay con qué pagar la reconquista de una plaza fuerte fronteriza y la integridad de un reino, pero, según me dice el vizconde de Exmés, vuestra majestad tiene en sus manos un premio digno de su conquista. Lo creo, señor, aunque sólo un rey, y un rey tan grande como vos, puede premiar con arreglo a lo que vale esta regia hazaña.
»Dios os conceda larga vida, señor, y un reinado feliz.
»Soy, señor, el más humilde y obediente súbdito de vuestra majestad.
Francisco de Lorena.
En Calais a 8 de enero de 1558
Cuando Carlos de Lorena terminó su lectura y devolvió la carta al rey, se reprodujeron los murmullos de aprobación, que eran como una felicitación entusiasta de toda aquella brillante corte, y de nuevo saltó de alegría el corazón de Gabriel, violentamente conmovido no obstante su exterior tranquilo. Si el respeto no hubiera impuesto silencio al entusiasmo, el joven vencedor habría oído, sin duda alguna, estrepitosos aplausos.