Las dos Dianas
Las dos Dianas
L señor de Salvoison, gobernador del Chatelet que era cuando Gabriel visitó por primera vez aquella prisión de Estado, habÃa fallecido recientemente, y le habÃa sucedido en el cargo el señor de Sazerac, gobernador actual.
A este fue presentado Gabriel de Montgomery.
La ansiedad apretaba tan brutalmente con su zarpa de hierro la garganta del pobre Gabriel, que este no pudo articular palabra; silencioso, mudo, entregó al gobernador el anillo que recibiera del rey.
El señor de Sazerac se inclinó con gravedad.
—Os esperaba, caballero —dijo a Gabriel—. Hace una hora recibà la orden que os interesa. Mi obligación es, al ver este anillo, entregaros, sin pedir explicaciones, al prisionero sin nombre que desde hace muchos años se halla en el Chatelet, señalado con el número veintiuno. ¿No es asÃ, caballero?
—¡SÃ… sÃ! —respondió vivamente Gabriel, a quien la esperanza devolvió el uso de la palabra—. ¿Y esa orden caballero?…
—Estoy pronto a cumplirla.
—¡Oh!… ¿Pero, es posible? —dijo Gabriel, temblando de pies a cabeza.