Los Tres Mosqueteros
Los Tres Mosqueteros »Yo llamé a mí todas mis fuerzas para responder con una carcajada. Mi verdugo, que vio que entre él y yo estaba declarada una guerra eterna, a muerte, dijo: “Escuchad, os doy el resto del día de hoy y todo mañana para que reflexionéis: si me prometéis callaros, os rodearán la riqueza, la consideración y aun los honores; si me amenazáis con hablar, os condeno a la infamia”.
»“¡Vos!”, exclamé.
»“¡A la infamia eterna, indeleble!”, respondió el protervo.
»“¡Vos!”, repetí.
»¡Oh! Felton, en verdad os digo que le tuve por insensato.
»“Sí, yo”, dijo el miserable.
»“Dejadme”, exclamé, “salid, si no queréis que en vuestra presencia me estrelle el cráneo contra las paredes. ¿Vos lo queréis?”.
»“Enhorabuena”, repuso el malvado, “hasta mañana por la noche”.
»“Hasta mañana por la noche”, respondí, dejándome caer y mordiendo con rabia la alfombra.
Felton estaba arrimado a un mueble; milady veía con gozo infernal que al joven iban a faltarle las fuerzas tal vez antes del fin del relato.