Los Tres Mosqueteros
Los Tres Mosqueteros —Ved —dijo milady, levantándose con dignidad de reina—, ved qué nuevo martirio inventaron para la mujer pura y, sin embargo, vÃctima de la brutalidad de un bandido. Aprended a conocer el corazón de los hombres, Felton, y en adelante no seáis tan ligero en convertiros en instrumento de sus injustas venganzas.
Milady se desabrochó con rapidez el vestido, desgarró la batista que le cubrÃa el seno y, enrojecida por simulada cólera y fingida vergüenza, mostró al joven la indeleble marca que deshonraba aquel hombro tan hermoso.
—¡Qué veo! —exclamó el puritano—. ¡Una flor de lis!
—Ahà precisamente es donde está la infamia —respondió milady—. Si me hubiesen impreso la marca de Inglaterra, hubiera sido menester probar qué tribunal me la habÃa impuesto, y yo habrÃa hecho un llamamiento público a todos los tribunales del reino; pero el estigma de Francia… ¡Oh! Por Francia estaba yo realmente herrada.