Los Tres Mosqueteros
Los Tres Mosqueteros —Ya os he entregado quinientas.
—Es verdad —dijo el capitán.
—Y aquà van otras quinientas —profirió milady, metiendo la mano en el talego de oro.
—No —dijo el capitán—, solo tengo una palabra, y la he dado a ese joven; las otras quinientas pistolas no debo recibirlas hasta llegar a Boulogne.
—¿Y llegaremos allá?
—Sanos y salvos —respondió el capitán—, tan cierto como me llamo Jack Buttler.
—Pues bien —dijo milady—, si cumplÃs vuestra palabra os daré, no quinientas pistolas, sino mil.
—Viváis vos mil años, mi hermosa dama —exclamó el capitán—, y Dios me envÃe con frecuencia pasajeras como vuestra señorÃa.
—Lo primero que debéis hacer, según lo acordado —dijo Felton—, es conducirnos a la pequeña bahÃa de Chichester, enfrente de Portsmouth.
Por toda respuesta el capitán ordenó la maniobra necesaria, y a eso de las siete de la mañana la pequeña embarcación echó anclas en la bahÃa designada.