Los Tres Mosqueteros
Los Tres Mosqueteros Durante la travesía, Felton había hecho sabedora de todo a milady: cómo, en vez de encaminarse a Londres, había fletado la balandra y regresado con ella; cómo escalara la muralla, colocando piedras en los intersticios, a medida que iba subiendo, y grapas para afirmar en ellas los pies, y, finalmente, cómo al llegar a la reja ató la escalera. Milady sabía lo demás.
Por su parte, milady intentó alentar a Felton en sus proyectos; pero a las primeras palabras que vertió, comprendió que el joven fanático tenía más necesidad de freno que de acicate.
Milady convino con Felton que lo aguardaría hasta las diez, y que si a las diez no estaba de regreso, se daría a la vela para Francia, donde, en el convento de las carmelitas de Béthune, le esperaría en el supuesto de que él estuviese libre.