Los Tres Mosqueteros
Los Tres Mosqueteros —¡De Francia! —exclamó Buckingham, olvidándolo todo al pensar de quién venÃa aquella carta. Felton aprovechó aquel instante para clavar hasta la empuñadura el cuchillo en el costado del duque.
—¡Ah! ¡Traidor! ¡Me has matado! —exclamó Buckingham.
—¡Al asesino! —aulló Patrice.
Felton tendió la mirada en torno de sà para huir, y al ver libre la puerta, se precipitó a la pieza contigua, que era donde, como ya hemos dicho, estaban aguardando los diputados de La Rochelle, la atravesó a escape, y se precipitó hacia la escalera; pero en el primer peldaño se encontró con lord Winter; el cual, al verle pálido, fuera de sÃ, lÃvido, con las manos y el rostro tintos en sangre, le echó las manos al cuello, gritando:
—¡Ya lo sabÃa yo! ¡Lo he adivinado un minuto demasiado tarde! ¡Oh! ¡Desventurado de mÃ!
El teniente no opuso resistencia; lord Winter lo entregó a los guardias, que, mientras se les comunicaban nuevas órdenes, lo condujeron a una azotea que dominaba el mar, y entró presuroso en el gabinete de Buckingham.