Los Tres Mosqueteros
Los Tres Mosqueteros Os conjuro, por cuanto he sufrido por vos y para vos desde que os conozco, si es que cuidáis de mi reposo, que interrumpáis los grandes armamentos que contra Francia estáis haciendo, y que ceséis una guerra de la que en voz alta dicen que la religión es la causa visible pero, a la sordina, que la causa oculta de ella es vuestro amor por mÃ. Esta guerra puede no solo llevar a Francia e Inglaterra grandes catástrofes, mas también sobre vos, milord, desventuras de las que nunca me consolarÃa.
Velad por vuestra vida, que está amenazada y me será cara desde el punto en que ya no me veré reducida a mirar en vos a un enemigo.
Vuestra afectÃsima,
ANA
Buckingham reunió los restos de su vida para escuchar la lectura de la transcrita carta, y cuando La Porte hubo concluido, y como si en ella hubiese hallado un punzante desengaño, preguntó:
—¿No tenéis que decirme otra cosa de viva voz, La Porte?
—SÃ, monseñor: la reina me encargó que velase por vos, pues supo que querÃan asesinaros.
—¿Nada más? ¿Nada más? —repuso Buckingham con impaciencia.
—También me encargó que os dijese que su amor por vos es inmutable.