Los Tres Mosqueteros
Los Tres Mosqueteros —Entonces, tranquilizaos —dijo la abadesa con ademán risueño—, la casa en que os halláis no será para vos una prisión muy áspera; haremos lo posible para que el cautiverio os sea grato. Es más, entablaréis relaciones con la joven de quien os he hablado, perseguida sin duda a causa de alguna intriga cortesana. Es amable y graciosa.
—¿Cómo se llama?
—Me la ha recomendado una persona encumbradÃsima, bajo el nombre de Ketty. No he intentado conocer su apellido.
—¡Ketty! —exclamó milady—. ¿Estáis segura de ello?
—¿De que se hace llamar asÃ? SÃ, señora; ¿la conocéis por ventura?
Milady sonrió interiormente al pensar que la pupila a la que se referÃa la abadesa podÃa ser su antigua camarera, y es que al recuerdo de aquella joven iba unido otro recuerdo de cólera.
La sed de venganza trastornó las facciones de milady, pero casi al punto recobraron la expresión de tranquilidad y benevolencia que aquella mujer de cien caras les hiciera perder momentáneamente.
—¿Cuándo podré ver a esa joven dama, por la cual siento ya tan honda simpatÃa? —preguntó milady.