Los Tres Mosqueteros
Los Tres Mosqueteros DOS VARIEDADES DE DEMONIOS
—¡Ah! —profirieron a una Rochefort y milady—. ¡Sois vos!
—SÃ, soy yo.
—¿De dónde llegáis? —preguntó milady.
—De La Rochelle, ¿y vos?
—De Inglaterra.
—¿Y Buckingham?
—Muerto o gravemente herido; al partir yo sin haber podido obtener de él cosa alguna, un fanático lo asesinó.
—¡Ah! —dijo Rochefort, sonriendo—, ahà una feliz casualidad que satisfará grandemente a su eminencia. ¿Le habéis puesto al corriente?
—Le escribà desde Boulogne. Pero ¿cómo se explica que os encontréis aqu�
—El cardenal estaba en zozobra, y me ha enviado en vuestra busca.
—No llegué hasta ayer.
—¿Y qué habéis hecho desde vuestra llegada?
—No he perdido el tiempo.
—Lo supongo.
—¿Sabéis á quién he encontrado aqu�
—No.
—A ver si lo adivináis.
—¿Cómo queréis que lo adivine?
—La joven a quien la reina sacó de la prisión.