Los Tres Mosqueteros
Los Tres Mosqueteros La madre abadesa y mm. Bonacieux salieron de la celda. Milady quedó sola, con los ojos clavados en la puerta; poco después, se oyó ruido de espuelas en la escalera, luego los pasos se acercaron y, por último, se abrió la puerta, en cuyo vano apareció un hombre que arrancó un grito de alegría a milady: aquel hombre era el conde de Rochefort, instrumento ciego de su eminencia.