Los Tres Mosqueteros
Los Tres Mosqueteros —Pues viene para vos o para mÃ.
—¡Válgame Dios! ¡Qué turbada estáis!
—Confieso que lo estoy; temo demasiado al cardenal para tener la confianza que vos.
—¡Silencio! —dijo mm. Bonacieux—, alguien se acerca. Efectivamente, la puerta se abrió, y entró la abadesa, la cual preguntó a milady si era ella la que habÃa llegado de Boulogne.
—SÃ, señora —respondió milady, esforzándose en recobrar su serenidad—, ¿quién pregunta por mÃ?
—Un individuo que se niega a dar su nombre, pero que viene de parte de su eminencia.
—¿Y solicita hablar conmigo? —preguntó milady.
—Solicita hablar con una dama recién llegada de Boulogne.
—En este caso, hacedme la merced de decirle que entre, señora.
—¿Será alguna mala nueva? —exclamó mm. Bonacieux.
—Mucho me lo temo.
—Os dejo con ese extraño, pero si me dais vuestra licencia, en cuanto parta vuelvo.
—No os doy mi licencia, os lo ruego.