Los Tres Mosqueteros
Los Tres Mosqueteros —¿Cómo?
—De la manera más sencilla del mundo. Hacemos regresar a Béthune al criado de mi hermano, en quien, como ya os he dicho, podemos confiar y, disfrazado, se aloja frente al convento: si los que vienen son los emisarios del cardenal, no se mueve, pero si son D’Artagnan y sus amigos, los conduce adonde nosotras.
—Entonces ¿el criado de vuestro hermano los conoce?
—Como que ha visto a m. D’Artagnan en mi casa.
—¡Oh! DecÃs bien; asà todo marcha a pedir de boca y apunta al mejor resultado; pero no nos alejemos de aquÃ.
—Siete u ocho leguas a lo sumo; aguardamos en la frontera, por ejemplo, y al primer aviso de peligro, salimos de Francia.
—Y mientras llega el momento, ¿qué hacemos?
—Esperar.
—¿Y si llegan?
—Antes que ellos llegará el coche de mi hermano.
—¿Y si al llegar el coche estoy lejos de vos, por ejemplo, comiendo o cenando?
—Haced una cosa.
—¿Qué?