Los Tres Mosqueteros
Los Tres Mosqueteros —Decid a la madre abadesa que para separarnos lo menos posible solicitáis su licencia para que os deje comer conmigo.
—No sé si consentirá.
—¿Qué inconveniente hay en eso?
—Muy bien, asà no nos separaremos ni un instante.
—Pues idos inmediatamente a solicitar su venia; yo, entretanto, me bajo a dar un paseo por el huerto, me duele la cabeza.
—¿Dónde volveré a encontraros?
—Aquà mismo dentro de una hora.
—¡Qué buena sois! Gracias por vuestras bondades.
—¿Cómo queréis que no me interese por vos, si aun cuando no fueseis hermosa y simpática merecerÃais mi predilección por ser amiga de uno de mis mejores amigos?
—¡Cuánto os agradecerá mi querido D’Artagnan vuestras atenciones para conmigo!
—Asà lo espero. Venga, quedamos de acuerdo, ahora bajemos.
—¿Os vais al huerto?
—SÃ.
—Seguid este corredor, y a lo último daréis con una escalerilla que a él conduce.
—Gracias.