Los Tres Mosqueteros
Los Tres Mosqueteros Las dos mujeres, al separarse, cruzaron una cariñosa sonrisa.
Milady había dicho verdad, le dolía la cabeza, pues en ella se entrechocaban aún en revuelta confusión sus mal ordenados proyectos, y necesitaba estar sola para coordinar sus pensamientos. Milady veía de un modo vago el porvenir, y le eran menester el silencio y el reposo para dar a sus todavía enredadas ideas una forma clara y determinada.
Lo que más urgía era arrebatar a mm. Bonacieux y conducirla a lugar seguro, para convertirla en rehén en caso de aprieto; y es que milady empezaba a temer el resultado de aquel duelo terrible en que sus enemigos ponían tanta perseverancia cuanto ella encarnizamiento.
Por otra parte, milady presentía, como se presiente la llegada de la tormenta, que el fin de aquel duelo estaba próximo y no podía menos que ser terrible.
Como ya hemos manifestado, para milady, lo primordial era retener entre sus manos a mm. Bonacieux, que era la vida de D’Artagnan; qué digo la vida de D’Artagnan, más que eso, la vida de la mujer a quien él amaba, y que en caso de desgracia se convertiría en instrumento para imponer y obtener ventajosas condiciones.