Los Tres Mosqueteros
Los Tres Mosqueteros —Preguntádselo a esa mujer —respondió el de la capa roja—; ya veis que me ha conocido.
—¡El verdugo de Lille! ¡El verdugo de Lille! —dijo milady, dominada por un terror insensato y agarrándose a las paredes para no dar con su cuerpo en tierra.
Los circunstantes se apartaron dejando solo, en pie y en medio de la pieza, al verdugo.
—¡Oh! ¡Perdón! ¡Perdón! —exclamó aquella mujer execrable, cayendo de rodillas.
—Ya os decÃa yo que me habÃa conocido —profirió el de la capa roja una vez que se hubo restablecido el silencio—. SÃ, soy el verdugo de Lille, y lo que tengo que decir es esto.
Todos fijaron la mirada en aquel hombre, del que con ávida ansiedad aguardaban las palabras.