Los Tres Mosqueteros
Los Tres Mosqueteros Al llegar aquà el narrador, todos volvieron los ojos hacia Athos, que realmente era el conde de La Fère, y que con la cabeza hizo una señal indicativa de que cuanto habÃa dicho el verdugo era cierto.
—Entonces —continuó el de la capa roja—, mi pobre hermano, fuera de sÃ, desesperado, decidido a desembarazarse de una existencia en la cual esta mujer se lo arrebatara todo, honra y dicha, regresó a Lille, y sabedor de la sentencia que en su lugar me condenara, se constituyó preso y el mismo dÃa se ahorcó del tragaluz de su calabozo. Por lo demás, justo es decir que los que me condenaron cumplieron su promesa, pues justificada la identidad del cadáver de mi hermano, me devolvieron la libertad. Este es el crimen de que yo acuso a esta mujer, tal la causa que motivó su marca.
—M. D’Artagnan —dijo Athos—, ¿qué castigo pedÃs contra esta mujer?
—La pena de muerte —respondió el gascón.
—Milord Winter —continuó Athos—, ¿qué castigo pedÃs contra esta mujer?
—La pena de muerte —contestó el inglés.
—M. Porthos y m. Aramis —repuso Athos—, a vosotros os pregunto como jueces que sois de ella, ¿cuál es vuestro fallo?
—La pena de muerte —respondieron con voz sorda los dos mosqueteros.