Los Tres Mosqueteros
Los Tres Mosqueteros —¡Paso a la justicia de Dios!
Y dejó caer el cadáver en lo más profundo del Lys, que volvió a cerrarse sobre él.
Tres dÃas después, esto es, dentro de los lÃmites de su licencia, los cuatro mosqueteros entraron nuevamente en ParÃs, y la noche misma de su llegada hicieron su acostumbrada visita a m. de Tréville.
—¿Qué tal, señores? —les preguntó el valiente capitán—, ¿os habéis divertido mucho?
—De una manera prodigiosa —respondió Athos, apretando la mandÃbula.