Los Tres Mosqueteros
Los Tres Mosqueteros Richelieu era la serpiente que fascinaba a Luis XIII, y Luis XIII el pájaro que revolotea de rama en rama sin poder sustraerse a la fascinación.
El monarca estaba, pues, triste hasta más no poder cuando emprendió su camino de regreso a La Rochelle.
Nuestros cuatro amigos sobre todo despertaban la atención de sus camaradas, que los veían siempre juntos y con la mirada sombría y la cabeza caída al pecho. Únicamente Athos erguía de vez en cuando su ancha frente, lanzaba una mirada de fuego, sonreía con amargura y, como sus amigos, se abismaba nuevamente en sus meditaciones.
Tan pronto llegaban a una ciudad y conducían al rey a su alojamiento, los cuatro amigos se retiraban a los suyos respectivos o se encaminaban a un apartado figón donde, en vez de jugar y beber, conversaban en voz baja y observando con atención si alguien podía oírles.
Un día en que el rey hizo alto en el camino para cazar con urraca, y en que los cuatro amigos, siguiendo su costumbre, en lugar de tomar parte en la caza habían entrado en una venta, se detuvo a la puerta para beber un vaso de vino un hombre que a revienta caballo venía de La Rochelle.