Los Tres Mosqueteros

Los Tres Mosqueteros

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Este grito por lo regular era oído, pues no había quien no supiese que los mosqueteros eran enemigos de su eminencia, y los querían por odio al cardenal. Así es que los guardias de las otras compañías no pertenecientes al duque Rojo, como lo apellidara Aramis, solían tomar, en aquellas pendencias, parte a favor de los mosqueteros del rey. Dos de tres guardias de la compañía de m. Des Essarts, que en aquel momento pasaban, acudieron en auxilio de los cuatro amigos, mientras el otro volaba hacia el palacio de m. de Tréville, gritando: «¡A nosotros, mosqueteros, a nosotros!». Como de costumbre, el palacio de Tréville estaba lleno de soldados de esta arma, que corrieron en ayuda de sus camaradas. La refriega, pues, se hizo general, pero como la fuerza estaba de parte de los mosqueteros, los guardias del cardenal y los criados de m. de La Trémouille se retiraron al palacio, del que cerraron las puertas bastante a tiempo para impedir que sus enemigos entrasen con ellos. En cuanto a Bernajoux, desde un principio lo habían trasladado al palacio de La Trémouille, donde yacía en el pésimo estado que ya hemos dicho.






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