Los Tres Mosqueteros

Los Tres Mosqueteros

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Porthos vivía en la rue du Vieux-Colombier, en una habitación grande y de apariencia suntuosa. Cada vez que nuestro gigante pasaba con algún amigo suyo por delante de sus ventanas, en una de las cuales, y vestido de gran librea, estaba perennemente asomado Mousqueton, levantaba la cabeza y la mano, y decía: «Esta es mi casa». Pero nunca lo encontraban en ella, ni a ella convidaba a subir a persona alguna; así es que nadie podía formarse idea de las riquezas que se escondían tras aquella suntuosa apariencia.

En cuanto a Aramis, vivía en una pequeña estancia compuesta de retrete, comedor y dormitorio, el cual dormitorio, situado en la planta baja como el resto de la habitación, daba a un jardincito bien conservado, verde, umbroso e impenetrable a las miradas de los vecinos.

Respecto a D’Artagnan, ya hemos dicho cómo estaba alojado, como también hemos entrado en relaciones con su lacayo Planchet.

D’Artagnan, que era de por sí muy curioso, como lo son los intrigantes, hizo cuanto pudo para saber a punto fijo quiénes eran Athos, Porthos y Aramis, porque era indudable que tras aquellos nombres de guerra, cada uno de ellos escondía su noble apellido, Athos sobre todo, que a una legua olía a gran señor. Se dirigió, pues, nuestro gascón a Porthos para que le ilustrara respecto de Athos y Aramis, y a este último para que le pusiese al tanto acerca de Porthos.


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