Los Tres Mosqueteros
Los Tres Mosqueteros No obstante hallarse aislado, el duque de Buckingham no se turbó lo más mÃnimo; y es que una de las notas más salientes de su carácter era el galanteo peligroso, el amor romancesco. Valiente, audaz y emprendedor, no era aquella la primera vez que arriesgaba su existencia en tales tentativas. Cuando habÃa sabido que el supuesto mensaje de Ana de Austria, fiado en el cual se hallaba en ParÃs, era un ardid, en lugar de volver a Inglaterra, y abusando de la situación en que lo colocaran, habÃa manifestado a la reina que no partirÃa sin haberla visto. Al principio Ana de Austria se negó redondamente; pero luego, temerosa de que el duque, exasperado, hiciese algún desatino, estaba ya resuelta a recibirlo y a rogarle que partiese sin demora, cuando la noche misma de tal decisión fue secuestrada mm. Bonacieux, que era la persona encargada de ir por el duque y conducirlo al Louvre. Por espacio de dos dÃas, nada se supo del paradero de la mercera, y todo quedó suspenso; pero una vez libre aquella, y puesta nuevamente en relación con La Porte, el negocio volvió a encauzarse, y ahora mm. Bonacieux acababa de cumplir el peligroso encargo que, de no haber sido por su arresto, hubiera llevado a cabo tres dÃas antes.
Una vez a solas, Buckingham, que vestÃa el uniforme de mosquetero y le sentaba a las mil maravillas, se acercó a un espejo.