Los Tres Mosqueteros
Los Tres Mosqueteros —No, señor.
—¿Nunca lo habéis visto?
—SÃ, señor, pero ignoro cómo se llama.
—¿Cuál es vuestro nombre? —preguntó el comisario al mosquetero.
—Athos —respondió este.
—¿Qué estáis diciendo? —profirió el interrogador, que empezaba ya a marearse—. Eso no es un nombre de persona, sino el nombre de una montaña.
—Es mi nombre —dijo con toda tranquilidad Athos.
—Vos dijisteis que os llamabais D’Artagnan.
—¿Yo?
—Vos, sÃ.
—A mà me preguntaron si era yo m. D’Artagnan, y yo respondÃ: «¿Os parece?», a lo cual mis guardias replicaron que sabÃan lo que decÃan. Yo no quise contradecirles, porque ¿quién me aseguraba a mà que no era yo el que estaba equivocado?
—Caballero, estáis ofendiendo la majestad de la justicia.
—De ninguna manera —contestó con todo sosiego Athos.
—Vos sois m. D’Artagnan.
—¿Veis? Vos mismo me lo estáis repitiendo.