Los Tres Mosqueteros
Los Tres Mosqueteros —Se ofreció a ayudarme, pero no tardé en ver que me vendÃa.
—¡Cómo! ¿Os atrevéis a engañar a la justicia? M. D’Artagnan ha hecho un pacto con vos en virtud del cual puso en fuga a los agentes de policÃa que habÃan arrestado a vuestra mujer, y la ha sustraÃdo a nuestras pesquisas.
—¡Que m. D’Artagnan ha arrebatado a mi mujer! ¿Qué estáis diciendo? —exclamó Bonacieux.
—Por fortuna m. D’Artagnan está en nuestro poder y vais a ser careado con él.
—¡Ah! Ni a pedir de boca —profirió el mercero—; no sentiré ver un rostro conocido.
—Que entre m. D’Artagnan —dijo el comisario a los guardias, que inmediatamente hicieron cumplir a Athos la orden que acababan de recibir.
—M. D’Artagnan —dijo el comisario, dirigiéndose al mosquetero—, declarad lo que ha pasado entre vos y m. Bonacieux.
—Pero ¡si este caballero no es m. D’Artagnan! —exclamó el mercero.
—¡Cómo que no es m. D’Artagnan! —dijo el comisario.
—No, señor.
—¿Cómo se llama el caballero? —preguntó.
—No lo sé, porque no le conozco.
—¿Que no le conocéis?